martes, 24 de marzo de 2015

¿Qué hay detrás de las bombillas de bajo consumo?

Las bombillas de bajo consumo y los LEDs están pisando con fuerza en los hogares, cada vez se consume más este tipo de iluminación gracias a su durabilidad y poco gasto energético.
La problemática encendida estos días, se debe a las dudas sobre el contenido de las bombillas de bajo consumo, entre otros metales, el mercurio.
Estas bombillas se caracterizan por ser un producto muy similar a los tubos fluorescentes (también llamadas lámpara fluorescentes compactas, LFC ), con la peculiaridad que su capacidad calorífica es mucho menor. Por lo que se ahorra entre un 50% y un 80% de energía.
El contenido en forma de gas debe de ser tratado debidamente a la hora de su reciclado, exactamente, como elemento tóxico. Cada bombillas contiene entre 3 y 6 mg de mercurio. Aunque el límite establecido por la legislación es de 5mg, los estudios para su control son imprecisos y difíciles de realizar.
Este contenido se debe al funcionamiento de esta iluminación, el mercurio en forma de gas crea radiación ultravioleta, que al pasar por un filtro fluorescente se transforma en luz visible.
La asociación Ambilamp nace como una solución, reuniendo las principales empresas de iluminación con el objetivo de desarrollar un sistema de tratamiento y recogida de estos elementos. Para consultar los puntos de recogida en la cualquier punto de España visitar el Mapa de reciclado de Ambilamp.
Aunque parezca que su contenido es peligroso, el contenido de mercurio no llega a ser nocivo para las personas y si su reciclado es correcto no tiene porque tener ningún inconveniente, al contrario que otras iluminaciones que no cuentan con la capacidad de ser recicladas (halógenas y bombillas de filamentos). Pero se debe conocer su alta toxicidad y peligrosidad tanto para el medio ambiente como para los seres vivos.
El mayor peligro se encuentra en los accidentes domésticos, la ruptura de la bombilla de bajo consumo emite esos gases nocivos por poder tener una liberación brusca del mercurio. Los peligros que entraña esa ruptura todavía no se conocen exactamente, ya que la peligrosidad del mercurio se encuentra en la inhalación. En estos casos se debe poner en práctica un protocolo de limpieza recomendado por el Instituto Nacional de Toxicidad, explicado en el artículo ¿Son peligrosas las bombillas de bajo consumo? de ElCorreo.com
En el documental La mentira de las bombillas de bajo consumo, se explica la problemática detrás de este consumo "responsable con el medio ambiente".
Las implicaciones ambientales también son muy altas. No existe una normativa relacionada con su reciclaje y tratamiento,en la actualidad se almacenan en recipientes estancos.

Una de las grandes soluciones es optar por las bombillas LED, aunque más caras, su duración y reciclaje posterior amortizan con creces su compra. Estas no contienen ningún elemento tóxico y sus materiales pueden ser cambiados y reutilizados. Además, su manipulación no conlleva riesgos para la salud ni para el medio ambiente.


X.J.C.

viernes, 30 de enero de 2015

Consecuencias ambientales de la GUERRA

Las guerras se podrían definir como aquellas acciones humanas realizadas con la intención de destruir y causar graves daños en el adversario, el entorno no se considera un objetivo, aunque las mayores consecuencias se manifiestan en este. Y debido a la carencia de fronteras en aire, tierra y agua, los problemas derivados del conflicto suelen aparecer, también, en zonas no afectadas por este. 
Los problemas ambientales derivados de las guerras son incalculables, muy variados y de larga duración. La mayoría de estudios, basados principalmente en los problemas socio-económicos, sólo advierten de algunas contaminaciones de tierra, aire y agua. Aunque si hablamos de armamento químico, radiación, bombas, aviación, asentamientos, minas, tropas militares... a todos nos suenan, aunque no pensemos en las consecuencias ambientales de todas estas palabras, emitidas por los telediarios en muchos países y sufridas por otras tantas sociedades. 
El respaldo legislativo contra estas acciones existe, como la prohibición del "empleo de métodos de guerra que hayan sido concebidos para causar daños extensos, duraderos y graves al medio ambiente natural" por el Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra de 1949 del 1977 o la utilización de armas de guerra que modifiquen artificialmente el entorno por ENMOD (Convención sobre la Prohibición del Uso Militar o cualquier otro Uso Hostil de las Técnicas de Modificación Ambiental).
Además, en muchas zonas destruidas por los conflictos el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) ha trabajado por la rehabilitación y recuperación del entorno, mediante balance de daños, estudios de impacto y acciones determinadas de gestión y protección.
Explicado por Pekka Haavisto en su artículo Impactos ambientales de la guerra.

Los problemas bélicos ejercen una presión muy grande sobre el territorio. Las maniobras y movimientos subterráneos son las actividades más comunes y agresivas con el medio. 
Los traslados de personas y refugiados también alteran el entorno, desertizando zonas de naturaleza, a parte, de la contaminación generada al no tener una correcta urbanización de la zona.
La contaminación de los suelos realizada en algunos conflictos como el de Vietnam (utilización de productos químicos corrosivos, agente naranja, destrucción de grandes extensiones agrícolas y boscosas, ...) es tan grave, que su recuperación es simplemente indeterminada en el tiempo.
Bosques, montañas y humedales son zonas de difícil control, por lo que se convierten en zonas de refugio para guerrillas. Lo que se convierte en un intento de destrucción de estas áreas por parte de los gobierno, las acciones llevadas a cabo con este fin se las denomina como "tierra quemada". Como afirma J. C. Codron en su temario Las consecuencias ambientales de los conflictos armados
Plitvicka jezera, Parque Natural de Plitvice, Croacia. Antiguo polvorín. 

Se calcula que el 10% del total de las emisiones de CO2 son emitidas por el transporte de las fuerzas armadas. Como se afirma en el artículo La guerra contra el medio
En la actualidad las más graves consecuencias se derivan de los "objetivos estratégicos". Zonas industriales (Guerra de los Balcanes) o quema y derrame de pozos petrolíferos (Guerra de Irak), lanzan a la atmósfera decenas de diferentes gases nocivos para todo ser vivo.
La nueva armamentística con munición de uranio empobrecida se advierte como una de la causante de graves daños estudiados en los humanos (Guerra de Irak), todavía no estudiado en el resto de seres.

Todos los efectos sobre el resto de elementos tienen un resultado directo o indirecto sobre las aguas.
La armamentística bélica contamina con plomo y productos radioactivos las aguas tanto subterráneas como superficiales.
Las prácticas de desecación de lagunas y zonas de marismas es común en el juego de la guerra para conseguir mayor superficie, más recursos o desproveer de estos al enemigo. 

Por otra parte, como defienden algunos autores como J. C. Codron, profesor de la Universidad de Cantabria, las consecuencias estrictamente ambientales pueden ser positivas debido a la inutilización de algunos terrenos relegándolos a parajes desamparados para la naturaleza, también llamados "No man's land". Uno de los ejemplos más claros son las zonas de minas, donde el asentamiento de las poblaciones ya no es posible, dejando grandes espacios para la vegetación pero de gran peligro para los animales de gran tamaño.

Aunque se llegaran a saber todos los datos exactos, el EGO de algunas naciones jamás dejará de consumir a otras, por lo que los conflictos bélicos no cesarán. Dejando a un lado la idea de que la VIDA depende del medio ambiente, no de la fuerza armamentística de cada país.



X.J.C.