Según la Organización de Consumidores y Usuarios los OGM se definen como cualquier organismo cuyo material genético ha sido transformado de una manera ajena a los métodos naturales de multiplicación o combinación.
Al contrario de lo que se cree, no todos los OGM son transgénicos, estos últimos se caracterizan por tener agregados genes de otra especie, sin embargo, los genéticamente modificados pueden tener simplemente alteraciones de su propio material, potenciando o disminuyendo algunas características propias del organismo. Estas transformaciones son, en distinto grado, hereditarias y con objetivos de proporcionarles nuevas propiedades. El primer registro de un organismo genéticamente modificado fue en el 1973.
La UNESCO advierte del horizonte incierto en su escrito El campo de la incertidumbre, debido a que el ventanal abierto por los transgénicos es de dudoso límite y consecuencias.
Las aplicaciones de esta metodología en el cultivo y en la ganadería tiene como objetivo el aumento de la productividad, ya sea por la resistencia de la reses o por la multiplicación del fruto en los vegetales. Estos organismos también suelen ser resistentes a enfermedades, insecticidas, herbicidas...
Todas estas características vienen precedidas por un poder económico aportado por las patentes, aceptadas desde el 1980 en Estados Unidos, las empresas farmacéuticas (en su mayoría) registran a su nombre las modificaciones aplicadas, desde las semillas, vacunas, alimento para el ganado, etc. Creando una cadena de consumo resistente al cambio. En el ejemplo de las semillas, los agricultores las compran modificadas con su herbicida y plaguicida adjunto, ya que la planta es resistente a los productos creados por la misma empresa. Además, estas semillas se deben de renovar anualmente, ya que la planta es incapaz de reproducirse con las mismas características (sobretodo de producción). Por lo que el único beneficiario en la cadena acaba siendo la empresa que patente el producto.
El corto, Dos tomates y dos destinos, realizado por Veterinarios Sin Fronteras de Castilla la Mancha resume las principales diferencias entre las verduras ecológicas y las transgénicas,
Las consecuencias del consumo de estos alimentos están todavía en discusión, ya que cada día aparecen nuevos casos de afecciones humanas y animales. Las consecuencias de estos productos se dejan ver alrededor del mundo entero, y los beneficios han sido casi inexistentes en comparación con los riesgos e impactos negativos.
En cuanto a los problemas que puedan provocar a la población, no se puede generalizar, debido a que depende de diferentes variables, desde la posición del gen transferido en el ADN, las precauciones y controles seguidos en el crecimiento de la planta y su consumo, hasta las capacidades hereditarias de las características implantadas.
La mayor empresa reconocida por la producción OGM y transgénicos, además de ser una de las más polémicas, es MONSANTO. Expandió la soja transgénica por sudamérica, problema con el que hoy en día tiene que lidiar esta región, en la actualidad ha aumentado su campo de estudio transformando desde el maíz hasta el algodón. Aunque las legislaciones autóctonas tienen estrictas normativas sobre el asunto, el control es casi imposible por el incumplimiento de la ley y por la "contaminación genética".
Esta última constituye uno de los mayores problemas en el control de la expansión de cultivo transgénico o genéticamente modificado, ya que su polinización sigue el curso natural, mezclándose con plantas sin alteraciones de sus alrededores y transformando sus frutos. Este proceso, también llamado "contaminación genética" puede derivar en transformaciones no reversibles.
Otro de los problemas más graves para el consumidor es que los alimentos de estas características no necesitan estar etiquetados como tales. Imposibilitando al consumidor conocer la procedencia genética.
La pregunta es ¿cuánto somos capaces de aguantar?
| Qellu Mayu, Pocona, Cochabamba, Bolivia |
X.J.C.